Agalma Studio

Un relato escrito a través de imágenes y palabras.

Haciendo honor a su nombre, este espacio podrá alcanzar su valor en ese intercambio de distintas miradas fotográficas y las historias que pretende hacer posible.

El milagro de los cerros orientales de Bogotá

Escrito por AgalmaStudio 21-06-2017 en El camino que ando. Comentarios (0)

Otra mirada al camino es el espacio que corresponde al homenaje de hoy. Pues en el camino que ando o en el que andamos día a día en mi preciada Bogotá, ciudad en la que habito, olvidamos echar un vistazo hacia los cerros orientales, los cuales pese a estar tan cerca del concreto de la ciudad cautivan y envuelven en un espacio natural sencillamente increíble.

El milagro de estos cerros empieza por encontrarse provistos de un aire puro producto de una vegetación diversa, entre ella los frailejones que son los más amados por muchos caminantes y montañistas por ser característicos de las zonas de páramo, pero en especial, porque en ellos se encuentra el paso de los años, la sabiduría y paciencia de estos territorios, ya que  los frailejones crecen 1 centímetro por año lo que indica que poder ver uno de ellos a una altura de 1 metros puede ser una muestra de la grandeza de la naturaleza. La segunda razón del milagro de estos cerros, es la historia de un milagro religiosos ocurrido en el lugar en el año 1985 cuando tuvo lugar la aparición de una imagen tallada en piedra de Jesús, la virgen y el niño con el ángel custodio a su derecha. Esta imagen fue descubiertas por el señor Bernardino de León  quien en busca de guacas (tesoros) halló estas imágenes talladas en una piedra. Asombrado por su descubrimiento da aviso a las autoridades eclesiales, quienes confirmando el milagroso hecho (dado que en la época el arte de la talla en este detalle no existía y evaluando la dificultad del terreno donde se encontraron las imágenes era imposible realizar tal obra) se ordeno la construcción de una ermita para su adoración en el lugar del hallazgo. Tiempo después y debido a los constantes derrumbes de esta construcción se decidió descender las imágenes a un sitio mas seguro; donde reposan actualmente en el Santuario de Nuestra señora de la Peña.

Por primera vez me adentré a este lugar tan cercano y tan olvidado por el monstruo citadino en compañía de un grupo de amigos con ganas de sacar a la luz este tesoro oculto de Bogotá y organizado por unos chicos que se hacen llamar Escalando Suesca. Estos guías Mayte Tovar y Oscar Mena, son guías de escalada en Suesca, un maravilloso lugar para el escalador de fisuras aquí en Bogotá Colombia, parece sorprendente que fueran ellos que no viven en mi ciudad quienes descubrieran para mí este hermoso regalo de la naturaleza. Una caminata de 8 horas aproximadamente entre paisajes fue el resultado de alcanzar el cerro más alto de la ciudad a unos 3.550 metros de altura, con un clima nublado y bastante frío aunque no lo suficientemente nublado como para que la lluvia se precipitara a no ser por una corta llovizna.

La primera parada fue en el alto de la cruz, donde actualmente se encuentra una gran cruz como símbolo del lugar y las ruinas de la ultima ermita construida y lugar donde la gente subía en peregrinación a conocer la virgen de la peña. Mientras subimos el cerro, nos rodearon bosques de eucaliptos y pinos, y algunas especies nativas que luchan por subsistir como helechos, musgos y plantas invasivas como el retamo espinoso presente en gran parte del recorrido. En el alto de la cruz, pude apreciar una hermosa vista de la ciudad nublada, muchas veces esto sucede no sólo por el clima que nos acompañó aquél día, sino por su contaminación la cual este cerro ayuda a combatir con su pulmón. Caminamos entonces hacia la cumbre del cerro aguanoso a 3550 mnsm para sentir mas de cerca las nubes y escuchar nuestra gran ciudad. 


Al descender de este imponente cerro encontramos el silencio que aparece cuando te internas en las montañas más allá de la "civilización".

Así, poco a poco nos encontramos con un paisaje diferente, rodeado de bosque alto andino o bosque de niebla por donde caminamos hasta encontrarnos con el antiguo camino real que de Bogotá conducía a Choachí y los llanos orientales; caminos construidos y utilizados por nuestros ancestros indígenas en el transporte comercial de sus productos (trueque) y luego utilizados por los españoles para llegar hasta Santa fe desde los diferentes lugares del país. Ampliados en la época de la República y destinados al Rey fueron nominados caminos reales.

Estos condujeron el recorrido a través de la montaña hasta llegar al páramo de cruz verde adentrándonos en el hogar de los abuelos del territorio; los ya mencionados frailejones quienes gobernando la fabrica de agua nos permitieron disfrutar de su belleza inigualable. 

Finalmente nuestro camino culminó su exploración en la laguna del Verjón alto, que parte de la vereda con el mismo nombre y que pertenece a la localidad de Santafe en Bogotá. En sus aguas pude ver el reflejo de la montaña y el cielo, y unos rayos tenues de sol reflejados en el agua salieron a despedirse de nosotros ese día  nublado para poder disfrutar de un momento de silencio y conexión con la naturaleza. De regreso y en medio de sonrisas y contacto genuino, entendí que el regalo de la vida se encuentra en cada uno de estos mágicos lugares, templos del alma. Es la purificación física y la gratitud infinita de haber presenciado un irrepetible momento al alcance de mi mano ...



Un personaje de mi mundo

Escrito por AgalmaStudio 16-06-2017 en Personajes del mundo. Comentarios (0)

Hoy, en personajes del mundo, quiero presentarles a Kona. Ella no es exactamente un personaje del mundo, su mundo es un espacio muy reducido de un lugar especial para mi en Colombia: Suesca. Ella es un simple personaje de mi mundo en particular, pues pese al potencial turístico que posee el parque de Suesca tanto para los escaladores como para turistas, ella, no forma parte de ningún complejo turístico especial, a no ser por el hecho de que su casa se encuentra al lado de uno de los cultivos orgánicos más famosos de la localidad que pertenece al señor Fredy Sambrano, cultivo que abastece a casi todo el pueblo en lo que respecta a las lechugas y tomates, pero además, en este cultivo que se encuentra en la entrada del pueblo de Suesca y que está al lado de la casa de Kona, también se cultiva zucchini, acelga, cebollín, ajo, orellanas, tomate cherry, a veces también feijoa, entre otros. La casa de Kona se encuentra justo al lado, es una perrita cuyo hogar es la cerca que divide dos espacios. Me habían dicho que era agresiva cuando la conocí, casi siempre amarrada, ladraba como queriendo desprenderse de la correa y preguntarme con sus ladridos quien era yo que entraba a su casa sin avisar. Así lo hacía con toda las personas que entraban. Ella en su carácter único y poco agraciado era vista como un peligro, sin embargo, decidí un día empezar acercarme con comida atractiva en gesto amistoso y aunque no dejaba de ladrar hacia mí, empecé a observar una actitud diferente en su mirada, lo confirmaba el hecho de que cuando me acercaba con la comida dejaba de jalar de la correa mientras seguía con sus ladridos, un gesto de espera continuó en el tiempo, cuando el llevarle comida atractiva se hizo rutina y una cola batiéndose era la reacción.

Empecé entonces a investigar sobre la dueña de esta perrita y la razón por la que se encontraba amarrada, encontré que en este pueblo donde habitan muchos perros, varios animales suelen estar amarrados para evitar que agredan a otros perros callejeros, se metan con animales de vecinos o en algunos casos los ubican como señal de alarma para cuidar el lugar, tal cual sucedía con mi amiga Kona cada vez que yo llegaba. Esto me dio mucha tristeza, empece a pensar que la verdadera razón es que sus dueños no ocupaban el tiempo suficiente para enseñar o adiestrar a estos animalitos y lo que es peor que muchos de aquellos que se encontraban amarrados corrían con mejor suerte que los que terminaban abandonados en las calles del pueblo, abandonados en gran parte por gente de la ciudad o fincas cercanas al pueblo. Mientras la información crecía y mi cabeza merodeaba en esta información, mi amistad crecía con Kona de quien luego descubrí su nombre real era King Kona alusión al conocido personaje King Kong gorila que es encontrado en una isla llamada Skull o  Isla de la calavera o Isla del cráneo según lo relata la historia ficticia de la famosa película. Kona es entonces el nombre de un animal al que bautizan con miedo por su ferocidad, así como los habitantes nativos de la isla en la película temían a King Kong, del mismo modo todos los que conocían a Kona temía ser devorados por algo más que sus ladridos, más si algún día aquella correa se soltara. No era el caso de sus dueños quienes se creían los únicos de poder controlarla. En este punto no voy a mentir, varias veces quise soltarla y dejarla a su albedrío y lo que resultó de eso fue una gallina muerta y dos pollos muertos de Don Fredy que tuve que pagar además de ofrecer disculpas por entrometerme, ella no era un ser controlado en lo absoluto, pero tampoco era un ser de temer. Así que de este modo me dispuse a pasear a Kona un día por semana con una correa, llevarla a caminar, a oler, saborear otro aire; también organicé con unos amigos disponer un alambre de extremo a extremo de la casa para que Kona pudiera movilizarse lo suficiente mientras estuviera amarrada, esto no sólo se hizo con ella sino con otro perrito más que estaba cerca a ella y en donde el resultado fue sentir una sonrisa agradecida de ambos y un buen trabajo en equipo, además de hacer conocer la problemática a más personas y encontrar grupos de apoyo que trabajan por la causa de animales en abandono en Suesca. Poco a poco pude ir soltando algunas veces a Kona logrando que obedeciera, el problema de la persecución y posible amenaza de las gallinas seguía en su casa pero confío en que un tiempo llegue donde también comprenda que no debe hacerles daño, o al menos obedezca a que no lo debe hacer. Confío llegue el día en que estas personas que la acogen puedan aprender también con ella que se pueden romper paradigmas y renovar el aprendizaje, que si en el caso de los animales es posible, el de los humanos también, pues aunque en sus actitudes y formas de trato no parecen quererla, me consta que sí lo hacen. Es inquietante encontrar que muchas veces las personas no desafían su aprendizaje, en otras ocasiones no saben cómo hacerlo para mejorar un pequeño espacio de mundo, a veces es difícil mantener el impulso de creer que otras formas son posibles, pero esta pequeña llamada Kona es la reina o la Queen de este pequeño espacio que me enseña lo posible ...


¿Y para qué escribir?

Escrito por AgalmaStudio 03-05-2017 en cuentos muy cortos. Comentarios (0)

Extraño es el camino de quien decide emprenderlo, pues no hay camino alguno, señales, formas o estilos. Sin embargo, parece que sí los hay y que algún tipo de gente misteriosa se dedica a la tarea de saberlo y dar a conocer que existe una manera particular de hacer escritura. Yo nunca he podido descifrar lo que aquellos sí logran. Jamás he pensado tampoco dedicarme a esta tarea de descifrado, aunque a veces también parece que lo hago y al final parece que no puedo vivir sin hacerlo ...

Recuerdo que de niña sólo podía hablar con mi padre a través de los libros, yo le preguntaba algún capítulo que a veces pretendía no entender y a partir de esas experiencias me parecía curioso, cómo en ocasiones era más fácil poder comunicarse a partir de algo escrito en vez de la propia palabra, aunque finalmente ambos tuvieran el mismo fin: comunicar. Yo creía y de algún modo aún lo sigo pensando, que la palabra escrita era más precisa, concreta, adecuada quizá, sobre todo para aquél que le teme a proyectar una voz que a pesar de todo termina proyectando, eternizando en papel (en caso que éste en últimas no se pierda o se dañe).

Para mi padre era complicado expresar lo que él mismo pensaba o al menos decir algo que espontáneamente se le cruzara por su mente, uno debía leer entonces por medio de sus gestos (que también eran pocos), lo enigmático de su carácter. Para cualquiera podía ser una persona ordinaria, con las mismas rutinas una y otra vez, como por ejemplo, esperar la hora planificada en que debía encender su carro para salir a trabajar, pues si lo hacía en el tiempo calculado llegaría el minuto exacto, ni uno más, ni uno menos. ¡Claro! eso ocurría si no era uno de los días en que por estar distraído, pensando (y yo que en vez de preguntarle por algún libro miraba su abstracto pensar), llegaba a perderse tanto en su propio  mundo, que olvidaba su cotidiana parada para dejarme en la escuela y entonces en un trayecto distinto que pocas veces reconocí, yo le avisaba que había seguido de largo y que me debía haber dejado kilómetros antes. También recuerdo entre sus rutinas, que compraba el periódico en el mismo lugar todos los días, me pregunto cómo hubiese hecho si aquél kiosco hubiese cambiado de lugar, lo compró allí por muchos años a la misma hora (obvio), hasta que en tiempos de crisis ya no tuvo que comprar, lo cual no pudo resolver mi enigma con aquél azar que maliciosamente me imagino pudo haber sucedido. ¡Es una lástima! no aquél azar imaginativo que terminó siendo un azar cualquiera, sino el haber terminado con esa rutina, pues sé que aparte de los libros, las noticias y artículos científicos le entretenían bastante. Y pues no, en esa época la tecnología aún no estaba tan desarrollada, no todos lograban tener un computador en casa como para acceder a un noticiero en línea, mucho menos Internet o un celular inteligente, y como ya dije, eran tiempos de crisis, la que cuando mejoró sólo dejó a mi padre comprar un periódico los domingos.

Este último acontecimiento fue para mi fascinante, pues descubriría que era un día especial para la lectura, aquél periódico traía pequeñas encartas con caricaturas, cuentos y manuales para hacer artesanías u otras curiosidades; aquellos manuales me sorprendían mucho, pero las pocas veces que intenté alguna cosa parecida a una manualidad, nunca lograba hacer que se viera como en la revista, y suponiendo que aquellas instrucciones eran precisamente para niñas de mi edad, concluí que definitivamente no sabía nada del arte de las manos, lo cual también es curioso, porque tengo un vago recuerdo en que hubo un tiempo que podía dibujar muy bien, reproducía cualquier dibujo que me pidieran en el colegio a la perfección, pero no recuerdo a dónde fue a parar esa alucinación o ese recuerdo, pues jamás gané un concurso de pintura o algo parecido y años después no creo haber podido dibujar más que escasamente mi firma, la cual también es un fracaso porque nunca es igual.

Pero volviendo a la historia de mi padre, ese ser ordinario del que nadie podría haber apreciado algo extraordinario, era en conclusión mi padre, y quizá por eso me correspondió a mí, poder buscar en él aquello extraordinario que estaría escondido tras sus rutinas. Lo que quería destacar con respecto a su amor por los libros, era la forma en que los apreciaba y disfrutaba elucidar sobre ellos; yo que por un lado esperaba poder entablar alguna conversación con él iniciando algún tipo de apreciación sobre uno de ellos, me encontraba más bien con su monólogo en el que yo sólo podía en caso de que hiciera alguna pausa, preguntar algo más para dar rienda suelta a su verborrea. Pero lejos de fastidiarme por ese detalle poco programado en mi intención, me producía sonrisas, poder escuchar la voz de alguien tan cercano a quien curiosamente nunca oía hablar de nada más, voz, que además parecía dirigirse a mí aunque sé muy bien que eso no era lo que hacía, pero era un momento matutino sólo mío, en el que podía pretender se dirigía sólo a mí (hablo de matutino porque aquellos monólogos que se llevaban a cabo, se desarrollaban mientras me llevaba a la escuela). Años más tarde en la universidad, creo que escogí a propósito la que estuviera más lejos de casa, una a las afuera de la ciudad, para que él pudiera acercarme en su carro a un sitio donde pudiera tomar algún bus, para llegar hasta mi destino, todo aquello supongo, por el sólo capricho de no perder aquellos momentos donde a pesar de que nada podía estar dirigido hacia mí, me servía para al menos disfrutar con él algún tipo de estado, en que los dos podíamos coincidir.

Tal vez yo piense que cualquier persona ordinaria era más bien el típico padre que llevaba a su hijo a la escuela ayudándolo a cargar el morral, diciéndole todo lo que debería disfrutar o no dejar de hacer, y despidiéndose frenéticamente en la puerta. Para mi, aquella particularidad de las pocas palabras de mi padre, me hacía pensar en un mundo que estaría contenido en él, un mundo que sólo a través de los libros se liberaba y se daban paso a la vida. Siempre pensaba que sus rutinas le servían para no pensar en las rutinas, que mientras el cuerpo fluía con las fastidiosas cotidianidades, él podía entonces escapar a su soñado ensimismar, uno que día a día me contagiaba y en el que aprendí a vivir también sin él saberlo, uno que con el paso del tiempo pude entender y valorar con todos sus silencios.

La primera vez que se me ocurrió escribir sobre algo, pude descubrir cómo por primera vez mis manos no se entorpecían en lo absoluto, bailaban en cambio, sincronizadas en un movimiento continuo hasta el punto final, no existían reproches de ningún tipo sobre la propia danza interna que dejaba salir ¡por fin!, de mis manos, aquellas torpes manos encontraban su lugar, y encontraron al mostrarle a mi padre el escrito, la primera sonrisa que estaría posada sobre mí, sobre mi letra, sobre mis trazos, aquél que pude reinventar después de aquellos monólogos en el carro. Así, ya no sólo fueron los libros, fueron mis manos y su mirada, las que compartieron finalmente una pasión, un mandato, un motivo, una razón, para hacer algo aunque no fuera visto por todos bien llevado a cabo.

Pero este relato no es sobre mi padre, aunque  sigo sintiendo que en el fondo es sobre él de quien hablo, de su forma de preparar el café contando el ritmo de los pasos que le llevaría a tomar rápidamente una ducha, vestirse y finalmente escuchar la cafetera con el sonido característico de: ¡ya está listo el café!. Esto ocurría también los domingos, único día en que él solo se preparaba su café. Luego la casa quedaba en silencio unas horas (y hablo del verdadero silencio que no evoca ruidos), y de pronto, aunque no de pronto porque yo sabía muy bien calcular en cuanto tiempo, llegaba nuevamente con su periódico en manos. Luego sólo se escuchaban las hojas pasar unas tras otras, yo debía esperar el momento exacto para poder pedirle las encartas que venían para mí, aquellas encartas que de especial no poseían nada, sólo aquellos colores en los que uno reconoce que aún se encuentra en una etapa de vida diferente, pero yo las añoraba, añoraba esperar con impaciencia aquellas encartas, de las que aún no sabía que lo que realmente añoraba era la espera siempre rutinaria de aquellos días. De ese modo, creo que amaba la forma en que al poder predecir sus movimientos, creía conocerlo, amaba la forma en que prediciéndolos podía aspirar a conocerlo, conocer todo aquello que me inquietaba y me interrogaba, así como también muchas veces me interrogué por alguno de sus libros.

En esos domingos, sólo debía dejar pasar algunos minutos y entonces sabía que podía pedirle las encartas, pues los minutos anteriores el periódico era todo suyo ¡quién sabe por qué! pero aunque las encartas no le interesaran, él debía mantener en su poder el cuerpo entero de aquellas hojas que por otro lado fácilmente se desarmaban. Cuándo al final lograba entonces poseer una parte en mi poder, aquella parte que me correspondía tener (la otra aunque no podía tenerla tampoco me interesaba), las ojeaba rápidamente y encontraba que casi nada me entretenía, ya después de varias veces haber hecho este ritual, encontraba que casi nada era para mí, ya dije antes que los manuales y juegos artesanales no eran para nada lo mío, luego estaba una sección donde los rostros de varios niños eran colocados públicamente y yo sólo me reía con los absurdos nombres que encontraba escritos en aquella sección; por último, las caricaturas y tiras cómicas de las cuales supe con el tiempo que uno o dos me harían reír el preciado domingo.

Como era de esperarse aunque sin saberlo bien, empezaba a construir mis propias rutinas, en mi caso, sólo después de esperar con ansias cada domingo la desilusión de los encartes, era que podía dirigirme a escribir, yo pensaba que era consecuencia de no encontrar las historias que esperaba encontrar de manos de los que sí sabían escribir y publicar. Me dirigía entonces a escribir mi propio mundo, o intentar escribir el de mi padre, creo que lo sigo haciendo, tratando de rescatar aquél mundo que ya estaba escrito para mí, donde en aquello ordinario encontraba a un ser que aun no me había sido revelado.

La escritura fue y sigue siendo constancia de aquello que no se puede aprehender, que no sabría cómo explicar, pero de lo que siempre queda una huella, de sensaciones, de experiencias, de misterios, de las pocas veces que pude obtener su mirada, de las pocas veces que le vi con inspiración mirar fijo sobre el horizonte, como alcanzando algo más, de las pocas veces que le vi se daba permiso de soñar, de las pocas veces que le vi brotar un ser distinto, otro que no era el que la gente común podía ver ¿qué misterios serán todos esos? ¿el de un simple padre que no se sabía expresar? no lo creo, ¿será acaso de mi? tal vez sólo si en mí consigo la pista, el camino, la señal, para poder contentar a quien en últimas parece siempre escribo, seguir contemplando aunque sea en recuerdos esos instantes, fugaces formas de acceder a un suspiro, suspiro en el que puedo explicarme, dentro de esta sensación que va y viene, que está conmigo y seguirá estando. Y por eso necesito acercarme al misterio, a la belleza de no poder saber si logré conocerlo, pero de saber que puedo seguir insistiendo en sus pasos, los que de memoria aprendí a distinguir, en sus gestos de los que sin ser su intención podían comunicarme más; insistir quizá en un lenguaje que se obtiene de un mundo secreto, un mundo contenido en un ensimismar, un lenguaje con el que ahora yo también puedo escribir y poder expresarme.


Andando por la ciudad

Escrito por AgalmaStudio 06-04-2017 en El camino que ando. Comentarios (0)

Hoy quiero compartir un espacio de tiempo detenido, un sonido y un estar, una pausa entre los agitados días que se viven y desde donde sumergidos en nuestras propias preocupaciones a veces no nos percatamos de las de los otros. En un día a día, donde ya desde que despertamos bien temprano estamos tarde, retrasados en nuestras labores, en el bus que tomamos a diario, en la hora de comer, en la agenda de trabajo, llegamos tarde incluso a la información, la cual cada día es más rápida y confusa, sobre todo si de noticias se trata, el mundo gira en una continua problemática de todo tipo que nos desconecta cada vez más de los otros e incluso de nosotros mismos. En conclusión, desde que abrimos los ojos vamos ya tarde a la vida, porque la vida misma lo parece demandar ....

Los días pasan y cuando rememoramos a veces hemos perdido sustanciosos momentos. Este no es el caso de hoy, ni del día en que vi por primera vez a este músico de calle, con el estilo de cualquier músico importante, con la misma pasión del que no quiere que las sensaciones se le escapen por la rutina. Arsenio Montes, saxofonista y alegre músico, deleita a las personas en el túnel de la agitada estación de trasmilenio Las Aguas, ubicada en el centro de la ciudad de Bogotá. Por fortuna el día que pasaba por estas calles no iba hacia mi trabajo y no iba como todos, tarde a la vida diaria, por fortuna este día llevaba como casi siempre mi cámara fotográfica y puede guardar para mi recuerdo estas imágenes, imágenes sencillas, imágenes que quizá retome de nuevo para conocer más de su historia, la cual en esta ocasión me detengo a observar para valorar el ánimo con que él nos comparte su música. Y aunque la gente pasa apurada y casi sin dirigir mirada hacia Arsenio, muchos dejan sus monedas y un ademán con la mano o cabeza  a modo de saludo o de agradecimiento, gestos con los cuales Arsenio responde tocando más enérgicamente y casi sonriendo con su música.

Entre estos sonidos armónicos y llenos de alegría, los pasos y andares de los más apurados se contaminan de energía, de sonrisas, de una señal, de un aviso a recordar. Recordar que no debemos dejar que la vida pase tan rápido, que debemos pausar para escuchar hasta el final las melodías escondidas en túneles o las melodías más profundas que están escondidas en nuestro ser. Estos sonidos me advierten que podemos hacer de nuestro agite y nuestro afán al que no podemos a veces escapar un impulso y una razón para recordar al menos las pasiones que nos mueven a llevar la carga diaria, pero en especial, me hace saber también, que entre todo el ritmo acelerado y sin armonía que tiene a veces el mundo, con sus guerras y catástrofes ya sean literales o luchas espirituales internas, también hay algo que podemos ofrecer a los otros, así sea en este caso un gesto o una moneda, esta música me recuerda que la vida puede ser más ligera tatareando o cantando al son de muchos sonidos especiales que podemos compartir con otros ...


Entre voces y sonidos metálicos

Escrito por AgalmaStudio 22-03-2017 en Retratos de familia. Comentarios (0)

En esta oportunidad en Retratos de familia quiero continuar con esta historia visual que les presenté hace un tiempo. La familia, nos dicen, es el origen de todo, de todo lo que tiene que ver con nuestra historia, nuestra procedencia, aunque la pregunta por la procedencia y por el qué somos se continúe reiterando en nuestras vidas. Pero de alguna forma, la familia nos ofrece un cierto camino a nuestras identificaciones, aunque no siempre del todo claras, nos ofrece un punto de partida a lo que somos o no somos... y ¿qué es una familia? ¿cómo se conforma? Mi primera respuesta tentativa, es que se conforma de roles, lugares que ocupan ciertos personajes de nuestro mundo personal. Por esta razón me inclino por fotografiar los roles de los que encuentro son integrantes de una familias particular. 

Capturar sus funciones, sus pasiones, sus deseos y sus quehaceres más allá de aquella imágen estática de portaretrato de sala es mi verdadera intención. Para mí la idea es capturar esa transición en la que son seres cumpliendo ciertas funciones desde un lugar donde no pueden dejar de perseguir lo que se anhela, es decir, ocupar una función para otros integrantes en el mismo intento en que se trata de ocupar un rol para uno mismo como humano, y en esa transición e interacción surge la dinámica familiar singular de cada uno ...

Caro por ejemplo, cantante de una banda de metal sinfónico, estudiante y a la vez madre es ante todo madre, pero también por encima de todo cantante metalera. En esta historia de voces y sonidos le agrego lo metálico, en su semejanza con la fuerza, con la energía necesaria para ser madre, una madre cálida y la vez impetuosa para proyectar una voz que se hace escuchar, en este caso, en sonidos metálicos que se imprimen en un disfrute por el género del metal sinfónico. Caro es uno de los ejemplos de cómo ciertos aspectos pueden crear una procedencia o un origen, en este caso, el del pequeño Markus que un día les presente y el cual se contenta y se calma según sus padres con el canto y la música ...